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by • November 15, 2013 • OpiniónComments (0)666

La Falacia del Jaguar milagroso

La Proforma Presupuestaria 2014 es de $34.300 millones, cerca de $2.000 millones más que los $32.366 millones en 2013. Pero la inversión cae en $ 427 millones. En 2013 con inversión de $7.690 millones y deuda $6.253 millones, 5.5% de lo que producimos es invertido y 94.5% es consumido. En 2014, con inversión de $7.263 millones y deuda $7.577 millones, 0% de lo que producimos se invierte. El Gobierno consume el 100% de los ingresos y le falta. Además, asumiendo un precio de petróleo de $86.40 ($1.50 más que en 2013), o sea, alrededor de $1.200 millones por ver si se reciben. La inversión del 2014 es cubierta totalmente con deuda. La deuda y el gasto suben, la inversión baja, el crecimiento económico se desacelera, los créditos chinos con interés al 7.5%, la inflación en casi 4% con economía dolarizada, mientras que la tasa de interés en Europa y EE.UU es 0.25%, que significa que en moneda dura, no hay inflación en el planeta, aún con altos precios de combustibles, ya que no son subsidiados.

Si usted tiene un crédito hipotecario y para pagar las cuotas mensuales (amortización de la deuda) pide préstamos o toma dinero de la tarjeta de crédito, ¿piensa estar en condiciones de aconsejar a ótros sobre el manejo de la economía familiar creyendo que su economía está bien? El Gobierno busca nueva deuda para cancelar la próxima amortización (El Universo, 6 Noviembre 2013). ¿Está bien nuestra economía y el presidente en condiciones de aconsejar a ótros sobre el manejo de sus economías? ¡Grave problema cuando se empieza a creer en su propia publicidad!

Le sucedió a Hitler que al someter fácilmente a sus vecinos, creyó en su propia propaganda de tener la mejor fuerza aérea del planeta, pero que en su ataque a Gran Bretaña quedó evidenciado que no lo era en distancias largas y peor todavía en su campaña contra la Unión Soviética, a donde enviaba tropas que sólo existían en su imaginación, pero que nadie se atrevía a contradecirle.

También le sucedió a los jerarcas soviéticos, que pensaban que con propaganda hacían creer a su gente que producían excelentes artículos, y les estampaban un sello de calidad que motivaban cuentos como el siguiente: “En la final de una competencia mundial, los representantes de EE.UU, Gran Bretaña y Unión Soviética tenían frente a ellos una serie de excrementos pertenecientes a personas de diferentes países y para ganar tenían que adivinar cuáles provenían del país que representaban. El de EE.UU falló. El británico también se equivocó. Para sorpresa de todo el mundo, el soviético correctamente escogió excrementos que provenían de un ciudadano soviético. Le preguntaron: ¿Y cómo sabe cuáles pertenecen a ciudadanos soviéticos? Ah, replicó el representante ruso, es que a los excrementos nosotros les ponemos un sello de calidad”.

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